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Selecciona causas para sanar el mundo
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📋 La Lista de Dios
Marca las casillas para resolver problemas mundiales
1.000 nuevas escuelas en África
Educación para 300.000 niños
$30,000,000
Demasiado caroCurar la ceguera (2M de personas)
Cirugías de cataratas para 2 millones
$50,000,000
Demasiado caroProteger el Amazonas
Preservar 20 millones de acres de selva tropical
$40,000,000
Demasiado caroVacunación contra el sarampión
Vacunas para zonas de conflicto y pobreza extrema
$200,000,000
Demasiado caroLibros de texto para África
Material educativo para toda África subsahariana
$785,000,000
Demasiado caroSalvar de la hambruna (42M de personas)
Un año de comida para 42 millones en riesgo
$6,600,000,000
Demasiado caroErradicar la polio
Eliminar la polio de la faz de la Tierra
$6,900,000,000
Demasiado caroLimpiar el Océano Pacífico
Eliminar la gran mancha de basura del Pacífico
$7,500,000,000
Demasiado caroTransformar la educación global
Sistema de educación universal de calidad
$275,000,000,000
Demasiado caroProtección social universal
Red de seguridad para los más vulnerables
$294,000,000,000
Demasiado caroTransición energética global
Cambio completo a energías renovables
$286,000,000,000
Demasiado caroAcabar con el hambre mundial
Sistemas alimentarios sostenibles para todos
$328,000,000,000
Demasiado caroIgualdad de género total
Empoderamiento económico de mujeres y niñas
$360,000,000,000
Demasiado caroDigitalización inclusiva
Acceso universal a internet y tecnología
$469,000,000,000
Demasiado caroLa miseria global no es falta de recursos, es acaparamiento
Acabas de comprobar que resolver las peores crisis de la humanidad —desde erradicar el hambre extrema hasta garantizar agua potable a nivel mundial— costaría apenas el "cambio suelto" de un puñado de milmillonarios. Esta revelación destroza uno de los mayores mitos de nuestro sistema: la idea de que no hay recursos suficientes para todos. La pobreza global no es un problema de escasez natural, sino el resultado de un diseño económico que permite el acaparamiento salvaje.
Cada millón extra que estas fortunas acumulan en la cima representa un coste de oportunidad trágico para el resto del planeta: son hospitales no construidos, transiciones ecológicas paralizadas y derechos humanos básicos denegados. No existe absolutamente ninguna justificación ética ni económica para proteger y fomentar la riqueza ilimitada cuando la redistribución de ese excedente podría erradicar el sufrimiento evitable hoy mismo. Su sobreabundancia obscena es, literalmente, nuestra privación.