Miguel Krigsner
Origen de la fortuna: Cosméticos
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Módulos
Biografía
Miguel Krigsner, nacido en Bolivia, fundó Grupo Boticario, segunda empresa de cosméticos más grande de Brasil detrás del número uno, Natura.
Grupo Boticario opera en más de 50 países; Krigsner posee individualmente aproximadamente el 80% del negocio.
Su cuñado Artur Grynbaum se unió como asistente financiero y trabajó hasta el presidente del grupo para 2008. Tiene alrededor del 20% del grupo.
En 1990 Krigsner creó la Fundación Boticario Group dedicada a la protección ambiental, que recibe alrededor del 1% de los ingresos netos del Grupo Boticario anualmente.
Hoy, Krigsner y Grynbaum son presidente y vicepresidente, respectivamente, de la junta asesora del Grupo Boticario.
Activos Financieros
Información de activos financieros no disponible.
La gran mentira de las megafortunas: El caso de Miguel Krigsner
Los milmillonarios suelen presentarse bajo el mito romántico de la 'persona hecha a sí misma': una narrativa ideada para justificar la opulencia como el premio natural al trabajo duro, el esfuerzo o el ingenio. Sin embargo, al confrontar volumenes tan extremos de riqueza con la realidad macroeconómica, el relato de la meritocracia se rompe por completo. Ningún individuo puede generar legítimamente con su esfuerzo personal un patrimonio equivalente a millones de veces el sueldo medio de la clase trabajadora. El capital en la cúspide no crece por un talento excepcional; se expande por una dinámica implacable donde el dinero acumulado trabaja exponencialmente más rápido que las personas, devorando la riqueza generada por el trabajo productivo.
La inmensa fortuna de Miguel Krigsner, vinculada a Moda y Retail y 'Cosméticos' no se ha construido en un vacío de libre mercado, sino mediante el acaparamiento rentista, el uso de influencias exclusivas de la élite, la consolidación de posiciones monopolísticas o la herencia patrimonial. Lejos de asumir riesgos privados reales, los imperios de los milmillonarios dependen estructuralmente del soporte del estado a través de subsidios directos, uso de infraestructuras, explotación de I+D, contratos públicos e ingeniería fiscal offshore. Mientras este patrimonio equivale al peso físico de 48 toneladas de oro puro, el resto del planeta sufre una escasez artificial de recursos básicos. Que esta riqueza baste para financiar por completo el sistema público de salud de RD Congo, un país con más de 105800000 millones de habitantes durante 3.0 años demuestra que la acumulación ilimitada no es un logro empresarial, sino el secuestro de la soberanía democrática.