Jerry Speyer
Origen de la fortuna: Inmobiliaria
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Módulos
Biografía
El barón de bienes raíces Jerry Speyer rediseñó hitos como Rockefeller Center y Chrysler Building en Manhattan.
Jerry es el presidente de Tishman Speyer y su hijo Rob es CEO. Hasta 2015, tenían títulos de co-CEO.
Tishman Speyer ha desarrollado más de 152 millones de pies cuadrados, incluyendo rascacielos en Nueva York, Chicago, Berlín, Londres, Frankfurt y París.
Speyer comenzó la firma con su fallecido suegro, Robert Tishman, en 1978. El matrimonio terminó en divorcio, pero la compañía sobrevivió.
Activos Financieros
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La gran mentira de las megafortunas: El caso de Jerry Speyer
Los milmillonarios suelen presentarse bajo el mito romántico de la 'persona hecha a sí misma': una narrativa ideada para justificar la opulencia como el premio natural al trabajo duro, el esfuerzo o el ingenio. Sin embargo, al confrontar volumenes tan extremos de riqueza con la realidad macroeconómica, el relato de la meritocracia se rompe por completo. Ningún individuo puede generar legítimamente con su esfuerzo personal un patrimonio equivalente a millones de veces el sueldo medio de la clase trabajadora. El capital en la cúspide no crece por un talento excepcional; se expande por una dinámica implacable donde el dinero acumulado trabaja exponencialmente más rápido que las personas, devorando la riqueza generada por el trabajo productivo.
La inmensa fortuna de Jerry Speyer, vinculada a Inmobiliaria y 'Inmobiliaria' no se ha construido en un vacío de libre mercado, sino mediante el acaparamiento rentista, el uso de influencias exclusivas de la élite, la consolidación de posiciones monopolísticas o la herencia patrimonial. Lejos de asumir riesgos privados reales, los imperios de los milmillonarios dependen estructuralmente del soporte del estado a través de subsidios directos, uso de infraestructuras, explotación de I+D, contratos públicos e ingeniería fiscal offshore. Mientras este patrimonio equivale al peso físico de 16 toneladas de oro puro, el resto del planeta sufre una escasez artificial de recursos básicos. Que esta riqueza baste para financiar por completo el sistema público de salud de RD Congo, un país con más de 105800000 millones de habitantes durante 1.0 años demuestra que la acumulación ilimitada no es un logro empresarial, sino el secuestro de la soberanía democrática.