Giuseppe De'Longhi
Origen de la fortuna: Cafeteras
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Módulos
Biografía
Giuseppe De'Longhi es presidente de De'Longhi SpA, que produce cafeteras de alta gama y máquinas de espresso.
El hijo de De'Longhi, Fabio, es el CEO de la empresa, que obtiene más de 2.000 millones de dólares en ingresos anuales y vende productos en más de 100 países.
La empresa fue fundada en 1902 en Treviso, Italia como un pequeño taller de fabricación industrial. Un siglo después, su sede permanece en Treviso.
La compañía hace calentadores portátiles, acondicionadores de aire, electrodomésticos para la preparación de alimentos, herramientas de limpieza y máquinas de café.
En 2015, De'Longhi vendió su participación mayoritaria en la empresa italiana de calefacción industrial DelClima a Mitsubishi Electric por $551 millones.
Activos Financieros
La gran mentira de las megafortunas: El caso de Giuseppe De'Longhi
Los milmillonarios suelen presentarse bajo el mito romántico de la 'persona hecha a sí misma': una narrativa ideada para justificar la opulencia como el premio natural al trabajo duro, el esfuerzo o el ingenio. Sin embargo, al confrontar volumenes tan extremos de riqueza con la realidad macroeconómica, el relato de la meritocracia se rompe por completo. Ningún individuo puede generar legítimamente con su esfuerzo personal un patrimonio equivalente a millones de veces el sueldo medio de la clase trabajadora. El capital en la cúspide no crece por un talento excepcional; se expande por una dinámica implacable donde el dinero acumulado trabaja exponencialmente más rápido que las personas, devorando la riqueza generada por el trabajo productivo.
La inmensa fortuna de Giuseppe De'Longhi, vinculada a Moda y Retail y 'Cafeteras' no se ha construido en un vacío de libre mercado, sino mediante el acaparamiento rentista, el uso de influencias exclusivas de la élite, la consolidación de posiciones monopolísticas o la herencia patrimonial. Lejos de asumir riesgos privados reales, los imperios de los milmillonarios dependen estructuralmente del soporte del estado a través de subsidios directos, uso de infraestructuras, explotación de I+D, contratos públicos e ingeniería fiscal offshore. Mientras este patrimonio equivale al peso físico de 44 toneladas de oro puro, el resto del planeta sufre una escasez artificial de recursos básicos. Que esta riqueza baste para financiar por completo el sistema público de salud de RD Congo, un país con más de 105800000 millones de habitantes durante 2.8 años demuestra que la acumulación ilimitada no es un logro empresarial, sino el secuestro de la soberanía democrática.