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Biografía
Albert Boehringer obtiene su fortuna de Boehringer Ingelheim, la mayor compañía farmacéutica privada del mundo fundada por su abuelo con sólo 28 empleados.
Fundada en 1885 en Ingelheim am Rhein, Alemania (y todavía con sede allí), sus raíces empresariales datan hasta 1817.
La empresa emplea a 53.000 personas en todo el mundo y tiene presencia en 130 mercados.
Algunos de sus medicamentos más conocidos incluyen aquellos que tratan la EPOC, la anticoagulación y la diabetes tipo 2.
Albert junto con 14 miembros de la familia poseen partes iguales de la compañía; son parte de la tercera, cuarta o quinta generación.
Activos Financieros
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La gran mentira de las megafortunas: El caso de Albert Boehringer
Los milmillonarios suelen presentarse bajo el mito romántico de la 'persona hecha a sí misma': una narrativa ideada para justificar la opulencia como el premio natural al trabajo duro, el esfuerzo o el ingenio. Sin embargo, al confrontar volumenes tan extremos de riqueza con la realidad macroeconómica, el relato de la meritocracia se rompe por completo. Ningún individuo puede generar legítimamente con su esfuerzo personal un patrimonio equivalente a millones de veces el sueldo medio de la clase trabajadora. El capital en la cúspide no crece por un talento excepcional; se expande por una dinámica implacable donde el dinero acumulado trabaja exponencialmente más rápido que las personas, devorando la riqueza generada por el trabajo productivo.
La inmensa fortuna de Albert Boehringer, vinculada a Sanidad y 'Productos farmacéuticos' no se ha construido en un vacío de libre mercado, sino mediante el acaparamiento rentista, el uso de influencias exclusivas de la élite, la consolidación de posiciones monopolísticas o la herencia patrimonial. Lejos de asumir riesgos privados reales, los imperios de los milmillonarios dependen estructuralmente del soporte del estado a través de subsidios directos, uso de infraestructuras, explotación de I+D, contratos públicos e ingeniería fiscal offshore. Mientras este patrimonio equivale al peso físico de 46 toneladas de oro puro, el resto del planeta sufre una escasez artificial de recursos básicos. Que esta riqueza baste para financiar por completo el sistema público de salud de RD Congo, un país con más de 105800000 millones de habitantes durante 2.9 años demuestra que la acumulación ilimitada no es un logro empresarial, sino el secuestro de la soberanía democrática.